Psicología del Vínculo

Blog de psicología

El apego ansioso en la pareja: cuando la necesidad de cercanía se vuelve vigilancia

Introducción

¿Qué pasa en una relación cuando una persona necesita asegurarse constantemente de que la otra esté presente? Un mensaje que tarda en llegar se convierte en una duda. Un gesto distraído en la cena se recuerda antes de dormir. Una pequeña discusión se siente como el inicio de una ruptura. Quien actúa así suele saber que exagera, pero no puede evitarlo. La otra persona, al principio, intenta tranquilizar, pero con el tiempo se cansa.

Para verlo con más claridad, pensemos en el caso de Lucía y Diego (nombres ficticios). Lucía siente una inquietud creciente cuando Diego no le responde enseguida los mensajes durante el día. Si en una conversación él parece distraído o cansado, ella lo interpreta como una señal de desapego. Cuando tienen alguna discusión, Lucía no puede dejar de pensar si la relación está en peligro y busca constantemente asegurarse de que Diego la sigue queriendo, aunque sabe que sus exigencias pueden ser excesivas. Diego, al principio, intenta tranquilizarla y responder a sus inquietudes, pero con el paso del tiempo empieza a agotarse y a evitar las conversaciones más delicadas. Esta dinámica termina generando más distancia y ansiedad entre los dos.

Cualquier profesional que trabaja con personas reconoce esta situación. Se ve en consultas de psicología, atención primaria, enfermería, servicios sociales y orientación familiar, muchas veces disfrazada de insomnio, ansiedad, discusiones frecuentes o de una sensación de no ser lo suficiente. Hace dos semanas, en el artículo sobre la diferencia entre dependencia emocional y apego ansioso, recordamos que el apego ansioso no es un diagnóstico ni un trastorno. Es una forma de relacionarse que todos tenemos en mayor o menor medida. Aunque no sea un trastorno, sí puede tener consecuencias. Ahora veremos en qué consiste, cómo aparece cuando la relación se ve amenazada, qué efectos tiene en la pareja y qué puede ayudar a aliviarlo.

1. Qué es el apego ansioso: conceptualización y dimensiones

Definición del apego ansioso

Cuando se habla de apego en adultos, la teoría del apego describe la inseguridad a partir de dos ejes (Callaci et al., 2020; Simpson y Rholes, 2017). Uno es la evitación, que tiene que ver con lo incómoda que le resulta a una persona la cercanía y la intimidad. El otro es la ansiedad, que, como definen Simpson y Rholes (2017), tiene que ver con cuánto le preocupa a alguien no ser suficientemente valorado o ser abandonado por su pareja. El apego ansioso es, por tanto, la tendencia a vivir los vínculos íntimos desde esa preocupación.

Hay tres ideas importantes sobre esta dimensión del apego. Primero, no se trata de categorías fijas: cada persona se ubica en algún punto de cada eje, y quienes puntúan bajo en ambos ejes (evitación y ansiedad) suelen tener un apego seguro (Simpson y Rholes, 2017). Segundo, en la adultez, la pareja suele ser la figura principal de apego, por lo que la ansiedad se manifiesta con mayor intensidad en esa relación (Callaci et al., 2020). En tercer lugar, el origen está en la infancia: si quienes nos cuidaron fueron poco constantes o imprevisibles, es más probable que desarrollemos un apego inseguro (Callaci et al., 2020; Knies et al., 2020). Aunque a veces se piensa lo contrario, las diferencias entre hombres y mujeres son pequeñas y apenas afectan la manera en que el apego influye en la relación (Simpson y Rholes, 2017).

Un modelo de sí mismo negativo

Desde Bowlby se sabe que, a lo largo de la vida, vamos construyendo una especie de mapas internos de las relaciones, que en la teoría se llaman modelos de trabajo. Simpson y Rholes (2017) recuerdan que uno de esos mapas se refiere a nosotros mismos: si somos capaces de encontrar consuelo cuando lo necesitamos y si valemos como pareja. En el apego ansioso, ese mapa es negativo (Callaci et al., 2020). La persona alberga dudas sobre su propio valor y, en última instancia, sobre si merece el cuidado y el apoyo de los demás (Knies et al., 2020). No se trata de una baja autoestima en todos los aspectos. Una persona puede sentirse capaz en su trabajo y segura con sus amigos, pero aun así vivir la relación de pareja con la sensación de que el cariño que recibe es frágil, depende de algo y puede desaparecer en cualquier momento. En consulta, esto suele expresarse con frases como “no entiendo qué ve en mí” o “en cuanto me conozca de verdad, se irá”.

Un modelo de los demás esperanzado

El segundo mapa se refiere a los otros: si estarán disponibles cuando los necesitemos. Y aquí está lo característico del apego ansioso. Esa mirada negativa sobre uno mismo convive con una mirada hacia la pareja que sigue siendo esperanzada, aunque cautelosa (Simpson y Rholes, 2017). En el modelo de Bartholomew, que combina ambos mapas y que recogen Candel y Turliuc (2019), este patrón recibe el nombre de preocupado: visión negativa de uno mismo y positiva del otro.

Esta es la diferencia principal respecto al apego evitativo. La persona evitativa, en cierto modo, ya no espera nada de los demás y se protege confiando únicamente en sí misma (Simpson y Rholes, 2017). En cambio, la persona ansiosa sigue esperando. Por eso se involucra mucho en la relación, quiere estar más cerca y, a menudo, permanece en relaciones poco satisfactorias aunque le causen malestar (Callaci et al., 2020). El problema es que esta combinación es inestable: si la otra persona puede darme lo que necesito, pero yo no estoy seguro de merecerlo, cualquier señal se vuelve importante.

Sensibilidad al rechazo y al abandono

De esa combinación nace el rasgo que mejor resume esta dimensión: una sensibilidad especial al rechazo y al abandono (Callaci et al., 2020). El miedo a ser dejado o traicionado (Candel y Turliuc, 2019) no es un pensamiento que aparezca de vez en cuando. Funciona más bien como unas gafas a través de las cuales se leen los gestos, los silencios y las ausencias de la pareja. Esto se observa claramente en la investigación. Simpson y Rholes (2017) mencionan estudios en los que, al pedir a las personas que imaginen una separación definitiva de su pareja, quienes tienen más ansiedad de apego reaccionan con emociones negativas muy intensas, algo que no ocurre en personas evitativas. Candel y Turliuc (2019) también señalan que estas personas ansiosas son más propensas a experimentar celos persistentes y a tomar medidas para retener a la pareja ante cualquier amenaza. Para los profesionales, es importante saber que esta reacción no es exagerada desde la perspectiva de quien la vive: responde a un miedo que, para esa persona, es muy real.

2. Mecanismos y conductas ante el estrés

Uso de estrategias de hiperactivación

Para entender este apartado, conviene recordar algo básico. Como explican Simpson y Rholes (2017), el sistema de apego no está encendido todo el tiempo. Se activa cuando algo nos desborda (una amenaza, un malestar, un conflicto) y se apaga cuando volvemos a sentirnos a salvo. Si esa sensación de seguridad no llega, el sistema se mantiene encendido. Ante una amenaza, la estrategia más característica del apego ansioso es la hiperactivación (Candel y Turliuc, 2019). Dicho de forma sencilla, la persona sube el volumen de su necesidad: insiste, vuelve a llamar, pide explicaciones, intenta asegurarse la cercanía del otro, a veces mediante conductas de aferramiento o de control (Callaci et al., 2020). Es lo contrario de lo que hace la persona evitativa, que baja ese volumen hasta casi apagarlo.

Hay un detalle importante para la práctica. Simpson y Rholes (2017) conciben la inseguridad del apego como una vulnerabilidad que solo se manifiesta en determinadas situaciones. Una persona con apego ansioso no siempre es absorbente ni demandante. Estas características surgen sobre todo cuando algo parece amenazar la estabilidad de la relación, como una discusión seria, una separación temporal, la llegada de un hijo o una etapa de gran estrés. Por eso, no solo hay que fijarse en cómo es la persona, sino también en lo que está viviendo cuando la vemos así.

Para ayudar a identificar este patrón en consulta, puede ser útil formular algunas preguntas orientadas a explorar la presencia de ansiedad de apego. Por ejemplo:

– ¿Tiendes a preocuparte mucho cuando tu pareja tarda en responderte o no sabes qué está haciendo?

– ¿Sientes con frecuencia la necesidad de pedirle a tu pareja que te confirme su amor o su compromiso?

– ¿Te resulta difícil dejar de pensar en la relación o en las posibles señales de distancia por parte de la otra persona?

– ¿A menudo interpretas gestos neutros o pequeños cambios en la comunicación como señales de que tu pareja podría alejarse?

– Cuando discutís, ¿te resulta difícil calmarte hasta que la relación vuelva a sentirse segura?

Estas preguntas pueden servir de guía para que profesionales o estudiantes aborden el tema de manera sensible, ayudando a distinguir entre una preocupación puntual y un patrón constante de inseguridad en el vínculo.

Búsqueda intensa y obsesiva de apoyo

En el día a día, la hiperactivación se traduce en lo que Simpson y Rholes (2017) describen como una búsqueda intensa, a veces obsesiva, de cercanía, apoyo y confirmación. “¿Seguro que no estás enfadado?”, “¿Me sigues queriendo?» “¿Por qué has tardado tanto en contestar?”. La paradoja, señalan los mismos autores, es que esa búsqueda a menudo no consigue calmar. La respuesta tranquiliza unos minutos y la duda vuelve. Y tiene un coste añadido: la pareja puede acabar cansándose de tranquilizar una y otra vez. Este proceso suele seguir un ciclo reconocido en clínica:

1. La persona ansiosa siente inseguridad o miedo a perder a su pareja, lo que despierta la necesidad urgente de buscar confirmación.

2. Expresa esa necesidad mediante demandas de atención, peticiones de seguridad o preguntas reiteradas.

3. La pareja responde y tranquiliza, reduciendo brevemente la ansiedad.

4. Sin embargo, el alivio dura poco y pronto vuelven las dudas, lo que reactiva la demanda de seguridad.

5. Con el tiempo, la pareja puede sentirse agotada o saturada y mostrar menos disposición para tranquilizar.

6. Este cansancio se interpreta como una señal de rechazo o desamor, lo que agrava la inseguridad inicial y refuerza el ciclo.

Así se forma un círculo en el que la estrategia para buscar seguridad acaba provocando lo que más se teme. Entender este círculo ayuda a no ver la demanda como un capricho ni el cansancio del otro como una falta de amor. La atención se queda pegada a lo que amenaza, se anticipan los peores desenlaces y se pierde de vista la posibilidad de resolver lo que sea. Esta rumiación suele abordar temas previsibles. Candel y Turliuc (2019) explican que hay una tendencia a exagerar los peligros para la relación, a no valorar el compromiso de la pareja y a interpretar las acciones del otro de la manera más pesimista posible. También dicen que, cuando hay un conflicto, la persona puede estar tan centrada en sus propias preocupaciones que muestra poca empatía, aunque en realidad esté muy pendiente del otro. Todo esto hace que el sistema de apego permanezca activo mucho después de que el problema inicial haya pasado.

Hipervigilancia ante señales de distancia

El último mecanismo es la hipervigilancia. Quien tiene un apego ansioso permanece atento a cualquier señal de que su pareja se aleja (Simpson y Rholes, 2017) y rastrea cualquier indicio de falta de respuesta (Candel y Turliuc, 2019): un tono más seco, una mirada que se desvía, un plan que se cancela, un mensaje sin emoticonos.

Un experimento citado por Simpson y Rholes (2017) lo muestra claramente. Se pidió a parejas que evaluaran juntas el atractivo de otras personas como posibles parejas. Quienes tenían más ansiedad de apego fueron más precisos al adivinar lo que pensaba su pareja en ese momento, y esa precisión les hizo sentir más alejados. Los mismos autores describen algo similar en otros estudios: cuando la conversación aborda un tema que realmente amenaza la relación, las personas ansiosas son especialmente hábiles para captar lo que siente el otro. Así, la hipervigilancia no siempre se equivoca. A veces acierta, y acertar no tranquiliza: confirma el miedo.

3. Efectos en la calidad de la relación

Menor satisfacción en la relación

La consecuencia más estudiada es la satisfacción con la pareja. El metaanálisis de Candel y Turliuc (2019), que reunió más de un centenar de investigaciones con decenas de miles de personas, concluye claramente que, cuanto mayor es la ansiedad de apego, menor es la satisfacción con la relación. El efecto es moderado, se observa igual en hombres que en mujeres y tiende a ser algo más marcado en las parejas casadas. Hay un matiz que conviene conocer: en ese mismo trabajo, la evitación se asocia aún más con la insatisfacción. Los autores lo explican porque quien tiene apego ansioso, pese a todo, valora la relación y encuentra sentido en ella cuando se siente apreciado.

El mismo patrón aparece en situaciones muy distintas. Knies et al. (2020) estudiaron a personas cuya pareja presentaba síntomas importantes de TDAH y encontraron que la ansiedad de su pareja agravaba el impacto que esos síntomas tenían en la relación. En la llegada de un primer hijo, durante una etapa de estrés prolongado, Simpson y Rholes (2017) describen cómo las madres con mayor ansiedad de apego tienden a percibir menos apoyo de su pareja, lo que anticipa un mayor descenso de la satisfacción y más síntomas depresivos. Sus parejas también se resienten, tanto en la satisfacción como en el apoyo que ofrecen.

Mayor percepción de amenaza y rechazo

Detrás de esa insatisfacción hay una lectura más amenazante de lo que ocurre en la relación. Las personas con apego ansioso perciben más conflicto y experimentan más emociones negativas en la pareja (Candel y Turliuc, 2019). Cuando discuten temas que de verdad podrían ponerla en riesgo (no cuando discuten asuntos menores), sienten más malestar y ven a su pareja con peores ojos (Simpson y Rholes, 2017). También tienden a atribuirle intenciones menos amables a la pareja y a restar importancia al cuidado que ya han recibido de ella, o al que el otro está dispuesto a dar (Simpson y Rholes, 2017). En el estudio de Knies et al. (2020), la ansiedad de apego se relacionó con una mayor sensación de sentirse desatendido o ignorado por la pareja. Esto se ve a menudo en consulta: la persona describe a su pareja como poco disponible, pero al preguntar por hechos concretos, aparecen gestos de cuidado que no había notado. No es que mienta, sino que lo que recibe pasa por un filtro que lo hace parecer menos importante o incluso le impide verlo.

Conflictos

En las discusiones, esta forma de ver las cosas se traduce en reacciones intensas. Knies et al. (2020) encontraron que las personas con mayor ansiedad de apego reaccionan con mayor fuerza, pasan de imponerse a ceder y les cuesta encontrar soluciones intermedias. Sus parejas suelen percibir en ellas conductas más controladoras y menos apoyo (Callaci et al., 2020). Esta alternancia, según Callaci et al. (2020), evidencia una posición ambivalente: la persona busca cercanía para que atiendan sus necesidades, pero también se aleja para protegerse del rechazo.

Cuando la persona ansiosa está con alguien evitativo, aparece un patrón muy reconocible para quien trabaja con parejas: el de demanda y retirada, que también describen Callaci et al. (2020): uno persigue y el otro se retira. Cuanto más insiste el primero, más se aleja el segundo, y cuanto más se aleja, más críticas se vuelven las demandas. Un trabajo reciente con adultos jóvenes (Ghosh y Ghosh, 2026) apunta en la misma dirección general, mostrando que la confianza, la intimidad y la manera de resolver los conflictos van muy unidas entre sí, aunque no permite distinguir con claridad el papel concreto de la ansiedad.

Efecto de pareja: la ansiedad masculina y el distanciamiento femenino

Queda un hallazgo especialmente útil para la práctica: lo que la ansiedad de una persona provoca en la otra. Según el metaanálisis de Candel y Turliuc (2019), la ansiedad de un miembro de la pareja también reduce la satisfacción del otro, aunque en menor medida que la propia, y no se observan diferencias entre hombres y mujeres. Pero cuando se analiza el distanciamiento emocional, la situación cambia. Callaci et al. (2020) estudiaron a 171 parejas en terapia y observaron que, cuando el hombre tenía más ansiedad de apego, su pareja tendía a distanciarse emocionalmente, a enfriarse y a volverse más indiferente. Si era la mujer quien tenía más ansiedad, ese efecto no se observaba. Las autoras dan dos explicaciones: una es la sensación de carga que muchas mujeres sienten al cuidar de una pareja muy ansiosa; la otra es que la vulnerabilidad, la necesidad y la dependencia se aceptan menos en los hombres, por lo que esas conductas resultan más aceptables en las mujeres. También advierten de que podría ser al revés: que el distanciamiento de ella aumente la ansiedad de él. El mismo trabajo encontró algo más. Las mujeres con mucha ansiedad, emparejadas con hombres muy evitativos, estaban menos distanciadas, no más. Callaci et al. (2020) lo interpretan como el reflejo de un esfuerzo continuo por mantener una relación en la que sus necesidades rara vez se satisfacen, con la esperanza de que su insistencia acabe produciendo el cambio. Es en ese punto donde el apego ansioso empieza a rozar el terreno de la dependencia emocional.

4. Factores de amortiguación

Nada de esto es definitivo. Simpson y Rholes (2017) recuerdan que los mapas internos de las relaciones se forman a partir de las experiencias y pueden cambiar si nuevas vivencias los contradicen de manera clara y repetida. Además, existen intervenciones basadas en la evidencia para trabajar el apego ansioso, como la terapia focalizada en las emociones, la terapia basada en el apego, algunas formas de terapia cognitivo-conductual (TCC) adaptadas para parejas y programas de psicoeducación sobre el apego. Estas intervenciones ayudan a que la ansiedad y las conductas asociadas disminuyan, promoviendo nuevas formas de relación más seguras. Por otra parte, la investigación ha identificado dos situaciones en las que la ansiedad de apego se manifiesta con mucha menor frecuencia.

El compromiso de la pareja como amortiguador

La primera es el compromiso de la pareja. Simpson y Rholes (2017) describen cómo las reacciones más problemáticas de las personas con apego ansioso ante conflictos importantes se reducen notablemente cuando su pareja está claramente comprometida con la relación. Algo parecido ocurre cuando ellas mismas se sienten más vinculadas y dependientes de esa relación. Tiene sentido: si el miedo de fondo es ser abandonado, un compromiso visible y sostenido actúa directamente sobre ese miedo.

El estudio de Callaci et al. (2020) aporta una idea útil. El apego es solo una parte de la historia: la satisfacción, el compromiso y el estado de ánimo, así como la presencia de síntomas depresivos, influyen más que el apego al explicar el distanciamiento. Para quienes intervienen, esto es una oportunidad: a veces, trabajar en estos aspectos inmediatos produce cambios más rápidos que intentar cambiar directamente la forma de relacionarse, lo cual suele requerir más tiempo.

Apoyo constructivo y reaseguro

La segunda condición es el apoyo. Callaci et al. (2020) mencionan un estudio en el que, los días en que las personas con apego ansioso se sentían apoyadas por su pareja, veían la relación como más estable y el futuro con más optimismo. Pero no cualquier apoyo funciona. Responder siempre a cada demanda de confirmación agota a la pareja y no calma la ansiedad. Simpson y Rholes (2017) explican que el apoyo solo ayuda si responde a las preocupaciones reales. En el apego ansioso, la preocupación principal no es “respóndeme ahora”, sino “no me dejes”, y a esa inquietud es a la que hay que responder.

Algunas terapias de pareja basadas en la teoría del apego, como la terapia focalizada en las emociones, ayudan a la pareja a crear nuevas formas de relacionarse que generen seguridad (Callaci et al., 2020). Además, en cualquier consulta, sin recurrir a cuestionarios, hay señales claras para reconocer la ansiedad de apego. Callaci et al. (2020) mencionan la necesidad constante de confirmación, la exigencia hacia la pareja y una tendencia a la crítica que, si se observa bien, suele ocultar miedo.

5. Algunas preguntas interesantes

¿Tener un apego ansioso condena una relación?

No. La relación con una menor satisfacción es clara, pero moderada (Candel y Turliuc, 2019), y depende mucho de las circunstancias. El compromiso de la pareja y un apoyo ajustado a lo que la persona necesita, reduce considerablemente su impacto (Simpson y Rholes, 2017).

¿Qué afecta más a una relación, el apego ansioso o el evitativo?

En conjunto, la evitación se asocia con una mayor insatisfacción que la ansiedad (Candel y Turliuc, 2019). Pero cada una daña la relación por caminos distintos: la ansiedad, por exceso de demanda y de vigilancia; la evitación, por la distancia.

¿La pareja de alguien con apego ansioso también lo nota?

Sí, aunque bastante menos que la propia persona (Candel y Turliuc, 2019). En parejas en crisis, cuando el hombre presenta mayor ansiedad, se ha observado que la mujer tiende a distanciarse emocionalmente (Callaci et al., 2020). Es un resultado que aún necesita confirmarse.

6. Para cerrar

El apego ansioso es, en el fondo, una forma de esperanza que no termina de confiar en sí misma. Esta mezcla explica casi todo lo que hemos visto: la búsqueda constante de confirmación, la vigilancia, la interpretación negativa de lo ambiguo y el cansancio de la otra persona. También explica por qué la seguridad no se logra acumulando confirmaciones, sino viviendo repetidamente que el otro sigue ahí sin tener que comprobarlo. Para quienes acompañan a estas personas, la tarea no es solo identificar el patrón, sino entender qué lo activa en esa relación y qué podría empezar a calmarlo.

¿Quieres seguir profundizando en esto?

Cada 10 o 15 días envío un análisis en profundidad sobre la teoría del apego y la psicología del vínculo, pensado tanto para quien se acerca por primera vez al tema como para profesionales de la salud mental. Si te ha resultado útil este artículo, suscríbete a la newsletter.

Referencias

Callaci, M., Péloquin, K., Barry, R. A., & Tremblay, N. (2020). A dyadic analysis of attachment insecurities and romantic disengagement among couples seeking relationship therapy. Journal of Marital and Family Therapy, 46(3), 399–412. https://doi.org/10.1111/jmft.12422

Candel, O.-S., & Turliuc, M. N. (2019). Insecure attachment and relationship satisfaction: A meta-analysis of actor and partner associations. Personality and Individual Differences, 147, 190–199. https://doi.org/10.1016/j.paid.2019.04.037

Ghosh, S., & Ghosh, S. (2026). The influences of attachment on intimacy, trust and conflict resolution in romantic relationships. International Journal of Drug Delivery Technology, 16(56s), 1057–1066. https://doi.org/10.25258/ijddt.16.56s.112

Knies, K., Bodalski, E. A., & Flory, K. (2020). Romantic relationships in adults with ADHD: The effect of partner attachment style on relationship quality. Journal of Social and Personal Relationships. https://doi.org/10.1177/0265407520953898

Simpson, J. A., & Rholes, W. S. (2017). Adult attachment, stress, and romantic relationships. Current Opinion in Psychology, 13, 19–24. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2016.04.006

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *