Psicología del Vínculo

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¿Cómo se evalúa el apego adulto?

Tres cuestionarios y una pregunta incómoda: ¿miden lo que dicen medir?

Introducción:

Hoy en día, hablar de apego está de moda. A menudo decimos que una persona tiene un apego ansioso, evitativo o seguro, y estas palabras aparecen cada vez más en libros, redes sociales y conversaciones diarias. El apego ansioso se caracteriza por la preocupación constante de perder la relación o de no recibir suficiente atención. El apego evitativo se observa en quienes prefieren mantener una distancia emocional y evitar depender de los demás. El apego seguro se muestra confiado en el apoyo que le pueden dar los demás y en su facilidad para expresar necesidades. Sin embargo, desde la ciencia, evaluar el apego es mucho más complejo que simplemente responder unas preguntas y ubicarnos en una categoría.

La teoría del apego parte de una idea sencilla pero potente: las experiencias que tenemos con las personas significativas contribuyen a construir expectativas sobre nosotros mismos y sobre los demás. Aprendemos, por ejemplo, hasta qué punto podemos confiar en que otra persona estará disponible cuando la necesitemos, si es seguro expresar vulnerabilidad o si es preferible mantener cierta distancia emocional.

En la adultez, estas expectativas afectan cómo buscamos apoyo, vivimos la intimidad, reaccionamos ante la separación y entendemos las señales de rechazo. Sin embargo, no todas las pruebas psicológicas abordan este tema por igual. Algunas se enfocan en las relaciones de pareja actuales, otras exploran cómo recordamos nuestras relaciones familiares y algunas buscan describir de forma más general nuestra manera de relacionarnos.

Existen tres cuestionarios en español que ayudan a comprender estas diferencias: el CaMir-R, el ECR-12 y el Attachment Style Questionnaire (ASQ). Cada uno tiene usos clínicos específicos según las necesidades del paciente y los objetivos de la evaluación. El CaMir-R es útil para explorar la historia familiar, las ideas internas sobre el apego y cómo las experiencias pasadas influyen en el presente. El ECR-12 se recomienda para analizar el apego en relaciones de pareja actuales, especialmente la ansiedad o evitación en el vínculo romántico y los patrones que afectan la intimidad y la regulación emocional. El ASQ es mejor cuando se busca una visión más general de los estilos de relación, así como de las expectativas y actitudes en diferentes tipos de relaciones cercanas. La elección depende del tipo de vínculo que se quiera analizar, el motivo de la consulta y de la información clínica que se necesite.

Comparar estos cuestionarios lleva a una pregunta importante para investigadores y profesionales: cuando una persona obtiene una puntuación alta en “evitación” o baja en “ansiedad de apego», por ejemplo, ¿qué estamos viendo en realidad?

CaMir-R: mirar el apego desde nuestra historia familiar

El CaMir-R parte de una perspectiva especialmente cercana a la tradición clásica de la teoría del apego. No pregunta únicamente cómo nos relacionamos actualmente con nuestra pareja, sino también cómo representamos nuestras experiencias de apego pasadas y presentes y cómo recordamos el funcionamiento vincular de nuestra familia más cercana, en nuestro microsistema. Esta diferencia es clave. Dos personas pueden actuar de manera similar en una relación amorosa, pero tener historias de apego muy distintas y formas diferentes de haberlas organizado.

El cuestionario explora aspectos relacionados con la seguridad emocional, la disponibilidad y el apoyo de las figuras significativas, pero también con experiencias como la preocupación familiar, la interferencia parental, la autosuficiencia defensiva, el resentimiento hacia los padres o la existencia de experiencias traumáticas en la infancia. Por ejemplo, sentirse cómodo al depender de alguien no es lo mismo que haber aprendido que depender es peligroso. Alguien puede parecer muy autosuficiente, no por seguridad emocional, sino porque desde pequeño aprendió que no podía esperar mucho de los demás. Esta es precisamente una de las aportaciones interesantes del CaMir-R: permite aproximarnos a las representaciones internas del apego, es decir, a las ideas que hemos construido acerca de cómo funcionan las relaciones y de qué podemos esperar de quienes son importantes para nosotros.

La versión española para adultos fue estudiada por Redondo Rodríguez y Herrero-Fernández en una muestra de población universitaria española y en una pequeña muestra clínica. El análisis identificó una estructura de seis factores y propiedades psicométricas globalmente adecuadas (Redondo Rodríguez y Herrero-Fernández, 2019). Por eso, el CaMir-R es especialmente útil cuando queremos ir más allá de la relación romántica actual y entender cómo la historia familiar y las experiencias pasadas influyen en la forma de que nos relacionamos hoy.

ECR-12: dos grandes dimensiones, ansiedad y evitación

El Experiences in Close Relationships (ECR) representa otra forma de aproximarse al apego adulto. En lugar de intentar clasificar directamente a las personas en varios estilos, se centra en dos grandes dimensiones: ansiedad de apego y evitación del apego.

La ansiedad de apego refleja, fundamentalmente, el grado de preocupación por la disponibilidad de la otra persona. Cuando esta dimensión es elevada, pueden aparecer miedo al abandono, necesidad frecuente de confirmación afectiva, preocupación por el estado de la relación o una especial sensibilidad ante señales que puedan interpretarse como rechazo.

La evitación describe algo distinto: el grado de incomodidad ante la intimidad, la dependencia emocional y la proximidad interpersonal. Una persona con niveles elevados de evitación puede valorar mucho la independencia, sentirse incómoda cuando alguien se acerca demasiado emocionalmente o tener dificultades para pedir ayuda incluso cuando la necesita.

La ventaja de este enfoque es que la ansiedad y la evitación no son categorías opuestas. Una persona puede tener niveles bajos en ambas, altos en una sola, o altos en las dos.

Esta manera de entender el apego permite recuperar, de forma aproximada, los estilos de apego conocidos. Una baja ansiedad y evitación se relacionan con un patrón más seguro; una ansiedad elevada con baja evitación se aproxima al estilo preocupado; una elevada evitación con poca ansiedad recuerda al patrón desentendido o evitativo; y niveles elevados en ambas dimensiones pueden encontrarse en formas de apego más temerosas o desorganizadas.

Es importante remarcar que es más preciso hablar de grados de ansiedad y de evitación que asumir que cada persona encaja en una categoría fija.

La versión breve en español, el ECR-12, contiene solo 12 ítems. Fue estudiada por Guzmán-González y colaboradores en seis muestras de población hispanohablante de Chile. Los análisis confirmaron la estructura de dos dimensiones, mostraron un funcionamiento equivalente entre hombres y mujeres y proporcionaron evidencia de fiabilidad y validez mediante su relación con variables como la regulación emocional, la empatía, el malestar psicológico, el bienestar y la satisfacción de pareja (Guzmán-González et al., 2020).

Por ser breve y utilizar las dos dimensiones más comunes en la investigación actual sobre apego adulto, el ECR-12 es especialmente útil para estudiar relaciones de pareja actuales.

Attachment Style Questionnaire: una imagen más amplia de cómo nos relacionamos

El Attachment Style Questionnaire (ASQ) adopta una tercera estrategia. En lugar de concentrarse únicamente en dos dimensiones, intenta describir los distintos componentes de la manera en que una persona afronta las relaciones cercanas. Su estructura tradicional incluye cinco dimensiones: confianza, incomodidad con la cercanía, consideración de las relaciones como algo secundario, necesidad de aprobación y preocupación por las relaciones.

La confianza se relaciona con una representación relativamente segura de uno mismo y de los demás. Una persona con puntuaciones elevadas en esta dimensión suele sentirse capaz de mantener relaciones cercanas sin experimentar miedo constante al abandono ni la necesidad de protegerse de la intimidad.

La incomodidad ante la cercanía refleja la tendencia a sentirse incómodo ante una proximidad emocional excesiva. La dimensión que considera las relaciones como secundarias refleja una estrategia aún más claramente orientada hacia la autosuficiencia: priorizar la independencia, los logros o las actividades personales frente a la dependencia interpersonal.

En el otro extremo aparecen la necesidad de aprobación y la preocupación por las relaciones. Ambas dimensiones están relacionadas con componentes ansiosos del apego: la necesidad de recibir confirmación de los demás, el temor a no ser suficientemente valorado y una mayor preocupación por la estabilidad de los vínculos importantes.

Una adaptación reciente del ASQ al castellano identificó una estructura de cinco factores comparable a la observada en otras versiones internacionales. El estudio de López-de-la-Nieta y colaboradores comparó a participantes españoles, italianos y japoneses y encontró tanto similitudes en la estructura del instrumento como diferencias relacionadas con el contexto cultural (López-de-la-Nieta et al., 2021). Este punto es importante y lo retomaremos más adelante. Los vínculos no se forman fuera de la cultura. La manera de mostrar cercanía, dependencia, autonomía o intimidad también depende de las normas sociales sobre cómo relacionarse con los demás.

Tres cuestionarios que no están midiendo exactamente lo mismo

Las diferencias entre estos cuestionarios explican por qué no existe un único «test de apego».

El CaMir-R se centra especialmente en la historia de las relaciones familiares y en las representaciones construidas a partir de ellas.

El ECR-12 se centra principalmente en el funcionamiento del apego en las relaciones románticas, utilizando dos dimensiones muy claras: ansiedad y evitación.

El ASQ ofrece una descripción más amplia de las actitudes y expectativas habituales en las relaciones interpersonales y distingue cinco componentes.

Por eso, la elección de un cuestionario depende de la pregunta que queremos responder. Si estudiamos la relación entre las experiencias familiares y el funcionamiento psicológico actual, el CaMir-R puede resultar muy útil. Si el interés se centra en las relaciones de pareja, la satisfacción romántica o la regulación emocional, el ECR-12 suele ser más directo. Y si buscamos una visión más general de las actitudes relacionales, el ASQ resulta especialmente útil.

Una pregunta que interesa especialmente en la consulta: ¿miden estos cuestionarios lo que dicen medir?

Hasta aquí hemos hablado de qué explora cada instrumento. Pero, desde un punto de vista clínico, hay una pregunta previa e incómoda que conviene plantearse antes de usar cualquiera de estos cuestionarios con un paciente: cuando alguien obtiene una puntuación elevada en evitación o en ansiedad de apego, ¿qué estamos captando realmente? ¿Su forma habitual de vincularse, o solo lo que esa persona puede reconocer sobre sí misma en ese momento o está dispuesta a reconocer? Por ejemplo, un paciente puede obtener una puntuación alta en evitación y un clínico podría observar que tiende a minimizar sus necesidades emocionales y evitar buscar apoyo ante dificultades. Sin embargo, en la sesión puede notarse que detrás de esa autosuficiencia aparente hay temor a la dependencia o al rechazo, algo que no siempre resulta evidente en el cuestionario. Así, la puntuación elevada orienta la exploración clínica, pero su interpretación siempre debe situarse en el contexto personal y relacional del paciente.

Para abordar esta complejidad y obtener una imagen más precisa del funcionamiento del apego, es recomendable combinar la información de los cuestionarios con otros métodos de evaluación, como entrevistas clínicas y la observación directa. Algunas estrategias incluyen contrastar las respuestas del autoinforme con ejemplos concretos en la narrativa del paciente, explorar en sesión las discrepancias entre lo que la persona puntúa y lo que relata sobre sus relaciones importantes, y usar situaciones relacionales durante la entrevista, como el relato de una pérdida o una discusión, para observar reacciones emocionales y patrones de vínculo en tiempo real. También puede ser útil preguntar al paciente cómo interpreta su puntuación y en qué medida la considera representativa de sus experiencias actuales. En casos de discrepancia significativa, se puede retomar el cuestionario con el paciente y revisar ítems específicos para profundizar en el significado que cada afirmación tiene para él o ella. Integrar datos cuantitativos con información cualitativa favorece la construcción de hipótesis clínicas más sólidas y personalizadas, lo que permite adaptar la intervención a las particularidades de cada caso.

La respuesta a esta pregunta tiene importantes consecuencias prácticas, por lo que vale la pena analizarla con cuidado.

Un cuestionario de apego es, ante todo, un autoinforme: recoge lo que la persona dice de sí misma al leer unas afirmaciones y decidir en qué medida está de acuerdo con ellas. Esto funciona bien cuando lo que queremos saber está disponible para la conciencia de quien responde. Sin embargo, gran parte de lo que explica la teoría del apego, como las estrategias defensivas, la desactivación emocional, la disociación o la minimización del malestar, son mecanismos que mantienen ciertos contenidos fuera del acceso consciente inmediato. Pedir a alguien que hable sobre un proceso del que no siempre es consciente supone, al menos, una dificultad importante.

Esto no es una objeción teórica menor. Cuando se ha comparado la clasificación obtenida mediante cuestionarios de autoinforme con la obtenida mediante la Entrevista de Apego Adulto (AAI), la coincidencia entre ambas medidas ha resultado sorprendentemente baja. La AAI es una entrevista semiestructurada utilizada principalmente en el ámbito de la investigación y, en ocasiones, en la práctica clínica especializada. Consiste en una conversación guiada en la que se le pide a la persona que relate recuerdos concretos de sus relaciones tempranas con las figuras de apego, así como ejemplos de cómo esas experiencias han influido en su vida adulta. Lo relevante no es solo el contenido de las respuestas, sino, sobre todo, la coherencia, la organización del discurso y la manera en que la persona procesa y narra esas experiencias emocionales. Un metaanálisis clásico sobre esta cuestión encontró una asociación prácticamente insignificante entre ambos tipos de medida (Roisman et al., 2007).

Conviene ser precisos sobre lo que esto significa, porque es fácil malinterpretarlo. No quiere decir que uno de los dos métodos sea el equivocado y el otro sea el correcto. Significa que el autoinforme y la entrevista narrativa parecen captar aspectos distintos, y en parte independientes, del fenómeno que llamamos apego. El cuestionario refleja lo que la persona puede y quiere comunicar conscientemente sobre su manera de vincularse. La entrevista revela algo sobre cómo esa persona procesa y organiza el material emocional cuando se le pide que hable de sus vínculos más significativos, incluyendo aquello que evita, minimiza o no logra articular con coherencia.

En la práctica clínica, esto tiene una aplicación clara. Un cuestionario de apego puede servir como punto de partida para conversar, establecer un lenguaje común con el paciente o realizar un primer cribado rápido. Sin embargo, no debe verse como una prueba diagnóstica definitiva, y es importante tener especial cuidado con dos tipos de resultados:

  • Puntuaciones muy bajas de ansiedad o de evitación en pacientes con una organización marcadamente evitativa. La propia estrategia evitativa consiste, entre otras cosas, en no reconocer el malestar relacional, de modo que quien más la utiliza puede ser precisamente quien menos la refleja en un cuestionario.
  • Discrepancias entre lo que la persona puntúa y lo que se observa en la sesión: alguien que describe sus relaciones como tranquilas y seguras, pero que muestra una intensa desregulación ante la separación, la crítica o el distanciamiento del terapeuta. Esa discrepancia suele ser clínicamente más informativa que cualquiera de las dos fuentes por separado.

Además, hay dos aspectos que es importante considerar:

El primero es la estabilidad. Las puntuaciones en estos cuestionarios pueden variar según el estado de ánimo, la relación de pareja actual o el momento vital. Esto no invalida los instrumentos, pero nos invita a ser cautos con frases como «soy evitativo» basadas en una sola medición, como si fuera un rasgo fijo y no una tendencia que puede cambiar con el tiempo y la terapia.

El segundo es cultural. El estudio de adaptación del ASQ que mencionamos encontró diferencias en las puntuaciones entre las muestras españolas, italianas y japonesas (López-de-la-Nieta et al., 2021). Los baremos y puntos de corte de un instrumento desarrollado o validado en una población concreta no siempre son extrapolables a personas de otro origen cultural, lo cual es relevante en contextos clínicos con poblaciones diversas. Por eso, en la práctica, es recomendable buscar información sobre las normas locales o sobre estudios de validación cultural antes de interpretar los resultados, especialmente si la persona evaluada proviene de un contexto distinto al del instrumento. Además, combinar información cuantitativa con una exploración cualitativa de la experiencia y el significado de las relaciones en el contexto cultural puede aportar una comprensión más matizada y útil para la intervención clínica.

Cómo aplicar todo esto en la práctica

Estas limitaciones no significan que los cuestionarios de apego no sean útiles. Simplemente cumplen la función para la que fueron creados, a veces distinta de lo que se espera de ellos.

Como herramientas de cribado o de investigación, o como recursos para iniciar una conversación sobre el propio estilo relacional, el CaMir-R, el ECR-12 y el ASQ aportan información útil y cuentan con un buen respaldo empírico en población de habla hispana. Como sustituto de la valoración clínica o como fuente para etiquetar a una persona de forma definitiva, resultan claramente insuficientes.

La recomendación práctica más razonable es utilizarlos como una de varias fuentes de información, contrastarlos siempre con la observación clínica directa y con la manera en que la persona narra sus relaciones, y no solo puntúa, y evitar interpretar una puntuación aislada como una identidad fija. El propio cuestionario puede convertirse, de hecho, en un material clínico interesante: no tanto por la puntuación final como por cómo reacciona la persona ante determinados ítems, qué preguntas le generan duda o qué afirmaciones rechaza con una firmeza que llama la atención. Por ejemplo, si un paciente puntúa muy alto en evitación y, al revisar en sesión ciertos ítems, expresa incomodidad o minimiza la importancia de depender de los demás, el clínico puede explorar más a fondo con preguntas como: «¿En qué situaciones te resulta más difícil pedir ayuda?» o «¿Cómo aprendiste a manejar tus necesidades emocionales cuando eras niño?» De igual modo, si un paciente presenta puntajes elevados de ansiedad y relata preocupación constante por ser abandonado, el profesional puede invitarle a compartir experiencias recientes en las que haya sentido ese temor y a observar juntos cómo interpreta las señales de los demás. Estos ejemplos muestran cómo la integración de las respuestas del cuestionario en la conversación clínica permite profundizar en los patrones relacionales más allá de los números, lo que facilita intervenciones más específicas y personalizadas.

Un cuestionario de apego no equivale a un diagnóstico

Tampoco se debe tomar una puntuación como una etiqueta permanente. Decir «soy evitativo» o «tengo apego ansioso» puede parecer natural, pero también puede convertir dimensiones psicológicas flexibles en identidades rígidas.

En realidad, una misma persona puede mostrar más seguridad en unas relaciones que en otras. También puede cambiar a lo largo de la vida como consecuencia de nuevas experiencias relacionales, de procesos terapéuticos o simplemente del desarrollo personal. Por eso, es más útil ver el apego como un conjunto de expectativas y estrategias en las relaciones, y no como un rasgo fijo de la personalidad.

Los cuestionarios pueden ayudarnos a estudiar esas estrategias e identificar tendencias como el temor al abandono, la evitación de la intimidad, la confianza en los demás o la percepción de nuestra historia familiar como segura. Sin embargo, comprender realmente el apego de una persona exige situar esas puntuaciones dentro de su historia vital, de sus relaciones actuales y el contexto en el que vive. Por eso, en la práctica clínica, resulta fundamental integrar los resultados del cuestionario con la información obtenida mediante entrevistas clínicas y la exploración de la historia personal del paciente. La entrevista permite profundizar en ejemplos concretos de relaciones pasadas y actuales, explorar matices que pueden no reflejarse en las respuestas del cuestionario y comprender cómo la persona interpreta sus propias experiencias. Además, permite observar el lenguaje, las emociones y las contradicciones que surgen al narrar vínculos importantes. De este modo, la combinación de cuestionarios y entrevista clínica ofrece una valoración más completa y personalizada, evitando interpretaciones superficiales o reduccionistas y favoreciendo la comprensión integral del funcionamiento relacional.

Una buena manera de entender qué aportan estos tres instrumentos podría ser la siguiente. El CaMir-R nos ayuda a ver nuestro pasado, el ECR-12 muestra cómo manejamos la cercanía y la distancia en las relaciones íntimas hoy, y el ASQ ofrece una visión más general de nuestras expectativas al relacionarnos con los demás.

Ninguno de estos instrumentos explica por sí solo cómo nos relacionamos. Pero juntos muestran algo clave: el apego no es solo una etiqueta, sino una manera de organizar la confianza, la intimidad, la dependencia y la seguridad en nuestras relaciones. Como toda medida psicológica, es importante usarlos sabiendo tanto lo que revelan como lo que no pueden mostrar.

En mi blog de divulgación en la plataforma Substack, he preparado los tres cuestionarios en línea por si alguien quiere conocer cómo sería su perfil en cada una de esas pruebas.

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Referencias

Fuentes utilizadas para la redacción de este texto, organizadas según las normas APA (7.ª edición).

Guzmán-González, M., Rivera-Ottenberger, D., Brassard, A., Spencer, R., y Lafontaine, M.-F. (2020). Measuring adult romantic attachment: Psychometric properties of the brief Spanish version of the experiences in close relationships. Psicologia: Reflexão e Crítica, 33(1), 1-14. https://doi.org/10.1186/s41155-020-00145-w

López-de-la-Nieta, O., Koeneke Hoenicka, M. A., Martinez-Rubio, J. L., Shinohara, K., Esposito, G., y Iandolo, G. (2021). Exploration of the Spanish version of the Attachment Style Questionnaire: A comparative study between Spanish, Italian, and Japanese culture. European Journal of Investigation in Health, Psychology and Education, 11(1), 113-128. https://doi.org/10.3390/ejihpe11010010

Redondo Rodríguez, I., y Herrero-Fernández, D. (2019). Validation of the CaMir-R attachment questionnaire in an adult Spanish sample. Revista Argentina de Clínica Psicológica, 28(5), 925-936.

Roisman, G. I., Holland, A., Fortuna, K., Fraley, R. C., Clausell, E., y Clarke, A. (2007). The Adult Attachment Interview and self-reports of attachment style: An empirical rapprochement. Journal of Personality and Social Psychology, 92(4), 678-697.

2 respuestas a «¿Cómo se evalúa el apego adulto?»

  1. Avatar de Más Silv
    Más Silv

    Gracias por el artículo. Muy útil e interesante.

    1. Avatar de Pep Pérez Castelló

      Muchas gracias a ti por leerlo y por el comentarlo.

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